Mercancía, trabajo y capital

Durante casi nueve años, de 1850 a 1859 Marx elabora sistemáticamente los fundamentos de la crítica de la teoría económica: las famosas «Grundisse». A toda esa primera investigación seguirán casi 1.500 páginas organizadas en 23 cuadernos que Marx concluye en el verano de 1863: la «Contribución a la crítica de la economía política», la base de lo que quería fuera «El Capital» y sobre la que trabajará durante los años siguientes. En medio de las batallas de la AIT y del comunismo alemán, presionado por todo su círculo y en una situación familiar y económica harto difícil, Marx trabajará intensamente sobre esos materiales con vistas a elaborar un texto «publicable». Finalmente en 1866 dará a imprenta el primer libro de «El Capital». Después de su muerte, Engels reordenará materiales de los manuscritos de la «Contribución» para dar a imprenta el libro II primero y el III en 1894. Kautsky hará lo propio después para editar las «Teorías de la plusvalía». Solo décadas más tarde se publicarán las «Grundisse», distintos pedazos de la «Contribución» y tras ellos el capítulo VI que debía haber cerrado el primer tomo de «El Capital». En ese momento, la dificultad de llegar a los materiales, el carácter de apuntes de buena parte de ellos, las diferencias de traducción y mil cosas más han servido ya al mundo académico para apoderarse de Marx y colocarle encima una losa de inaccesibilidad.

Lo que Marx pretendía que fuera su legado, una crítica de la teoría económica capaz de entender y predecir la evolución histórica del capitalismo y desmontar al mismo tiempo las ideologías que, bajo la forma de teoría económica, producen las universidades, quedaba seriamente limitado. Marx no quería hacer una teoría económica más y le hubiera espantado ver la suya en la universidad, el verdadero DEF negro King Hombres Jeans ajustado in think tank de la clase enemiga. La crítica que elaboró nacía, como todo cuanto hizo, para servir al Hombres Basic in Rocawear negro Sudadera 8wdOq1.

Jeans negro Hombres in King ajustado DEF Por eso, la generación que tuvo que enfrentar, explicar y sacar consecuencias políticas de la evolución del capitalismo y el nacimiento de su fase imperialista -Rosa Luxemburgo, Lenin, Riazanov, Bordiga, etc.- desconfiaba, no sin razón, hasta de las selecciones de Engels y Kautsky y se ancló en el primer libro de «El Capital» como verdadero fundamento de una crítica de clase a la teoría económica. Su trabajo de educación económica, los cursos que impartían a militantes (la «Introducción a la economía política» de Rosa Luxemburgo o los «Elementos de la economía marxista» de Amadeo Bordiga) son síntesis del primer libro con comentarios sobre el tercero (elaborado casi completamente por Marx). Luxemburgo centrará «La acumulación del capital», en dar una conclusión satisfactoria al mecanismo de la reproducción ampliada descrito en el engelsiano libro II e incluso Bordiga, dejará caer en las notas al pie de sus «Elementos» su aceptación de las consecuencias de la crítica luxemburguista.

No es magro armamento en cualquier caso el libro I cuando, a pesar de no tener siquiera tener acceso a la mayoría de la obra económica marxiana, pudieron elaborar críticas de los fundamentos económicos del imperialismo. Críticas que, especialmente en el caso de Luxemburgo, siguen siendo útiles para entender por qué a principios del siglo XX comienzan a emerger una serie de fenómenos -las «huelgas de masas» sustituyen a las huelgas clásicas, la liberación nacional no da lugar a estados burgueses viables, etc.- que siguen siendo fundamentales en el proceso de la organización y desarrollo de la clase.

Empecemos por tanto por donde ellos empezaron, por las primeras palabras de «El Capital»

La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un «enorme cúmulo de mercancías», y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía.

Carlos Marx. El Capital, libro I, capítulo I, 1866.

La mercancía es en primer lugar, algo «útil», algo que puede satisfacer una necesidad humana. Tiene por tanto valor de uso. Pero no es mercancía solo por ello, sino porque además tiene valor de cambio, es decir, puede ser cambiada por otras en una relación de cantidad, mensurable. El valor de cambio es lo que se establece cuando decimos que un sacapuntas vale el doble que un paquete de pipas, o que tres caramelos «valen» lo mismo que un lápiz. En términos de trueque toda mercancía puede expresar su valor de cambio en relación con todas las demás. Si no puede, si no puedo decir por ejemplo, que un litro del aire que respiro o dos cubos del agua que pasa por un río salvaje «vale» lo que una cierta cantidad de, digamos, pan, es porque sencillamente esos bienes no son mercancía.

Los economistas clásicos ya vieron que si todas las mercancías no tuvieran algo en común sería imposible establecer un sistema de equivalencias entre ellas. Este elemento común es el trabajo humano.

Pero aunque el trabajo sea el origen del valor, la medida del mismo resulta más fácil de hacer en relación con una única mercancía. En las etapas finales de la organización comunista primitiva sabemos que se utilizó el ganado, a veces la sal… pero es obvio que es mejor utilizar una mercancía que no sirva en sí misma como medio de vida ni de producción, que sea relativamente inalterable y que ocupe poco volumen. La práctica social del comercio descubrió pronto en los metales preciosos esa «mercancía universal» que, desprovista de valor de uso directo, convertida en una verdadera abstracción social, llamamos dinero.

El dinero, en tanto que medida del valor de cambio, oculta, como la misma mercancia, la naturaleza social e histórica del valor. El valor es en realidad la expresión de un determinado conjunto de relaciones, no entre las cosas, sino entre las personas. Ese es el famoso «fetichismo de la mercancía».

Veíamos que ya en la más simple expresión del valor —x mercancía A = y mercancía B— la cosa en la cual se representa la magnitud del valor de otra cosa parece poseer su forma de equivalente independientemente de esta relación, como propiedad natural de carácter social. Hemos analizado la consolidación de esa falsa apariencia. La misma llega a su plenitud cuando la forma de equivalente general se identifica con la forma natural de una clase particular de mercancías, cristalizándose así en la forma dineraria. Una mercancía no parece transformarse en dinero porque todas las demás mercancías representen en ella sus valores, sino que, a la inversa, éstas parecen representar en ella sus valores porque ella es dinero. El movimiento mediador se desvanece en su propio resultado, no dejando tras si huella alguna. Las mercancías, sin que intervengan en el proceso, encuentran ya pronta su propia figura de valor como cuerpo de una mercancía existente al margen de ellas y a su lado. Estas cosas, el oro y la plata, tal como surgen de las entrañas de la tierra, son al propio tiempo la encarnación directa de todo trabajo humano.

De ahí la magia del dinero. El comportamiento puramente atomístico de los hombres en su proceso social de producción, y por consiguiente la figura de cosa que revisten sus propias relaciones de producción —figura que no depende de su control, de sus acciones individuales conscientes—, se manifiesta ante todo en que los productos de su trabajo adoptan en general la forma de mercancías.

El enigma que encierra el fetiche del dinero no es más, pues, que el enigma, ahora visible y deslumbrante, que encierra el fetiche de la mercancía.

Carlos Marx. El Capital, libro I, capítulo II, 1866.

El precio de una mercancía expresa la relación entre el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla y distribuirla y el tiempo socialmente necesario para producir una cierta cantidad de oro o plata. Pero resulta obvio que el oro en tanto que tal ni siquiera es necesario en esta abstracción, dado de que lo que importa al sistema de precios son las relaciones relativas entre las mercancías. La unidad monetaria, la «mercancía universal», puede por tanto usar la referencia del trabajo social necesario para
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producir y acuñar cierta cantidad de metal o ser completamente abstracta y representarse en papelitos o meras anotaciones contables, del mismo modo que al sistema de pesos y medidas le es indiferente que la unidad de distancia sea la diezmillonesima parte del meridiano terrestre o el tamaño del pie de algún rey.

Pero ¿qué es el «tiempo de trabajo socialmente necesario» y cómo se relaciona con los precios? El valor de una mercancía es el tiempo de trabajo medio necesario para producirla en una determinada sociedad articulada alrededor de un mercado concreto. No se trata del trabajo que un productor particular o una empresa necesiten emplear, sino del trabajo medio necesario dada una tecnología, un sistema de comunicaciones, una disponibilidad de recursos, etc.

negro ajustado in Jeans King DEF Hombres Por otro lado los precios no tienen por qué coincidir siempre con el valor aunque tienden necesariamente hacia él. Si mejora la tecnología y es necesario menos trabajo social para producir algo, los precios tenderán a bajar… aunque el monopolio temporal, las regulaciones o las barreras de acceso a la industria sirvan a uno o varios capitalistas para retrasarlo, e intentarán hacerlo cuanto puedan. Además, los desequilibrios entre oferta y demanda -o en nuestros días, las distorsiones de la financiarización- pueden llevar temporalmente a precios por debajo del valor de la mercancía.

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ajustado King Jeans Hombres DEF negro in Primera edición del libro primero de «El Capital» con dedicatoria de Marx a Eccarius
Las oscilaciones de los precios expresan oscilaciones contingentes dependientes de multitud de factores y correlaciones de fuerzas entre capitales, los valores de cambio sin embargo nos informan de las relaciones fundamentales de una economía mercantil. Por eso la ciencia económica como tal aparece con el estudio del valor, no de los precios, que son meramente contigentes.

Ahora sigamos el «ciclo de la mercancía». El poseedor la lleva al mercado, la cambia por una cierta cantidad de dinero -que no le vale para satisfacer, en sí, ninguna necesidad- por lo que lo usa para adquirir otra mercancía. El ciclo es: Ⓜ️➡️D➡️Ⓜ️. La segunda parte del ciclo, D➡️Ⓜ️, es la primera para el poseedor de la segunda mercancía y así sucesivamente.

Ⓜ️1➡️D➡️Ⓜ️2➡️D➡️Ⓜ️3➡️D➡️Ⓜ️4➡️D➡️…

Lo interesante es que las mercancías (Ⓜ️1, Ⓜ️2, etc.) llegan al mercado y salen de él tan pronto como tiene lugar el intercambio, pero el dinero -en términos generales, salvo acaparación o ahorro- se queda. Con todo ambas partes del ciclo, miradas de cerca no pueden ser iguales. No es lo mismo Ⓜ️➡️D➡️Ⓜ️ que D➡️Ⓜ️➡️D. En el primer caso llevo al mercado una mercancía y la cambio por dinero con el cual comprar otra, si lo hago es porque ambas tienen distinto valor de uso pero igual valor de cambio (es decir,D). Pero D➡️Ⓜ️➡️D parece absurdo si D tiene el mismo valor en ambas partes habré comprado algo para venderlo al mismo precio. Querría decir que hay unos agentes que con tal de dar vida al mercado se dedican a la compraventa sin obtener nada a cambio. Pero el mercado no funciona por filantropía. En realidad lo lógico es pensar que para ellos el ciclo es D➡️Ⓜ️➡️D’ siendo D’>D en una cierta cantidad. Esa cantidad es lo que conocemos como Plusvalía.

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El ciclo real sería pues D➡️Ⓜ️➡️D’➡️Ⓜ️➡️D”➡️ etc. La plusvalía se reintegra al ciclo para producir nueva plusvalía en mayor cantidad. Lo que estamos viendo es la conversión del dinero en capital. Dinero que se utiliza para comprar mercancías que, en una forma nueva, se vuelven a vender por una cantidad mayor de dinero. En este momento la plusvalía «se realiza», se hace material bajo la forma de dinero.

  • Valor de D = Valor de M
  • Valor de M = Valor de D’
  • Valor de D’ > D

Este es el descubrimiento básico de Marx: el valor de cambio solo puede aumentar por el Hombres in DEF ajustado King Jeans negro consumo de una mercancía cuya propiedad característica es el aumento de valor. Esta mercancía es la fuerza de trabajo humana. La fuerza de trabajo de una persona vale, como todas las demás mercancías, el coste de producirla. La plusvalía no es más que el diferencial entre el coste de reproducción de la fuerza de trabajo y capacidad para crear valor de cambio.

El cambio en el valor del dinero que se ha de transformar en capital, no puede operarse en ese dinero mismo, pues como medio de compra y en cuanto medio de pago sólo realiza el precio de la mercancía que compra o paga, mientras que, si se mantiene en su propia forma, se petrifica como magnitud invariable de valor. La modificación tampoco puede resultar del segundo acto de la circulación, de la reventa de la mercancía, ya que ese acto se limita a reconvertir la mercancía de la forma natural en la de dinero.

El cambio, pues, debe operarse con la mercancía que se compra en el primer acto, D➡️Ⓜ️, pero no con su valor, puesto que se intercambian equivalentes, la mercancía se paga a su valor. Por ende, la modificación sólo puede surgir de su valor de uso en cuanto tal, esto es, de su consumo. Y para extraer valor del consumo de una mercancía, nuestro poseedor de dinero tendría que ser tan afortunado como para descubrir dentro de la esfera de la circulación, en el mercado, una mercancía cuyo valor de uso poseyera la peculiar propiedad de ser fuente de valor, cuyo consumo efectivo mismo, pues, fuera objetivación de trabajo, y por tanto creación de valor. Y el poseedor de dinero encuentra en el mercado esa mercancía específica: la capacidad de trabajo o fuerza de trabajo.

Por fuerza de trabajo o capacidad de trabajo entendemos el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole. No obstante, para que el poseedor de dinero encuentre la fuerza de trabajo en el mercado, como mercancía, deben cumplirse diversas condiciones. El intercambio de mercancías, en sí y para sí, no implica más relaciones de dependencia que las que surgen de su propia naturaleza. Bajo este supuesto, la fuerza de trabajo, como mercancía, sólo puede aparecer en el mercado en la medida y por el hecho de que su propio poseedor —la persona a quien pertenece esa fuerza de trabajo— la ofrezca y venda como mercancía. Para que su poseedor la venda como mercancía es necesario que pueda disponer de la misma, y por tanto que sea propietario libre de su capacidad de trabajo, de su persona. Él y el poseedor de dinero se encuentran en el mercado y traban relaciones mutuas en calidad de poseedores de mercancías dotados de los mismos derechos, y que sólo se distinguen por ser el uno vendedor y el otro comprador; a ambos, pues, son personas jurídicamente iguales.

Para que perdure esta relación es necesario que el poseedor de la fuerza de trabajo la venda siempre por un tiempo determinado, y nada más, ya que si la vende toda junta, de una vez para siempre, se vende a si mismo, se transforma de hombre libre en esclavo, de poseedor de mercancía en simple mercancía. Como persona tiene que comportarse constantemente con respecto a su fuerza de trabajo como con respecto a su propiedad, y por tanto a su propia mercancía, y únicamente está en condiciones de hacer eso en la medida en que la pone a disposición del comprador —se la cede para el consumo— sólo transitoriamente, por un lapso determinado, no renunciando, por tanto, con su enajenación a su propiedad sobre ella.

La segunda condición esencial para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como mercancía, es que el poseedor de ésta, en vez de poder vender mercancías en las que se haya objetivado su trabajo, deba, por el contrario, ofrecer como mercancía su fuerza de trabajo misma, la que sólo existe en la corporeidad viva que le es inherente.

Jeans King ajustado in DEF negro Hombres Para que alguien pueda vender mercancías diferentes de su fuerza de trabajo, ese alguien tendrá que poseer, naturalmente, medios de producción, por ejemplo materias primas, instrumentos de trabajo, etc. No se puede hacer botines sin cuero. Necesita, además, medios de subsistencia.

Nadie puede a vivir de los productos del porvenir, y por ende tampoco de valores de uso cuya producción aún no ha finalizado, y al igual que en el primer día de su aparición sobre el escenario terrestre, el hombre cada día tiene que consumir antes de producir y mientras produce. Si los productos se fabrican en calidad de mercancías, es necesario venderlos después de producirlos, y las necesidades del productor sólo podrán ser satisfechas después de la venta.

Al tiempo de producción se añade el necesario para la venta. Para la transformación del dinero en capital el poseedor de dinero, pues, tiene que encontrar en el mercado de mercancías al obrero libre; libre en el doble sentido de que por una parte dispone, en cuanto hombre libre, de su fuerza de trabajo en cuanto mercancia suya, y de que, por otra parte, carece de otras mercancias para vender, está exento y desprovisto, desembarazado de todas las cosas necesarias para la puesta en actividad de su fuerza de trabajo.

Carlos Marx. El Capital, libro I, capítulo IV, 1866.

Es decir, sin «trabajadores libres» no hay plusvalía propiamente dicha. El comerciante medieval aumentaba el valor del producto porque era, básicamente, un transportista, y por eso no tenía una consideración muy distinta del artesano. El prestamista prestaba para el consumo y su ciclo era D➡️D’. Trabajo libre y formación de capital son las dos caras de la sociedad capitalista, unidas por la Plusvalía.

Lo que caracteriza; pues, a la época capitalista, es que la fuerza de trabajo reviste para el obrero mismo la forma de una mercancía que le pertenece, y su trabajo la forma de trabajo asalariado. Por otro lado, a partir de ese momento se generaliza por primera vez la forma mercantil de los productos del trabajo.

Carlos Marx. El Capital, libro I, capítulo IV, 1866.

 
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