Hugo Harari-Kermadec (ENS Cachan y IDHES, CNRS, Francia) y Pierre Jean (Universidad Paris 1), Jornadas de economia critica, Agosto 2013, Mendoza, Argentina.

Resumen

En varios países, el sistema universitario está sufriendo un largo proceso de mercantilización. Esta transformación se suele analizar dentro del marco más general de la privatización de los servicios públicos, un fenómeno que D. Harvey interpreta como una forma continuada de acumulación primitiva, la acumulación por desposesión. Este artículo se concentra en las transformaciones substanciales que conllevan esta mercantilización de la educación superior, armándonos con otro concepto marxista, el fetichismo.

Victoria Zapatillas clásicas Victoria Zapatillas Zapatillas kaki Victoria kaki clásicas Mostraremos la mercantilización opera a nivel ideológico y en la organización del trabajo universitario. A tal fin, se van desplegando toda una serie de dispositivos de gobierno –normas y certificación de calidad, puntaje, ranking– que tienden a estandarizar el proceso de producción en la Universidad y a someter el imaginario científico a la racionalidad capitalista. El trabajo universitario se va incorporando al trabajo productor de valor, es decir en trabajo abstracto.

Uno de los momentos centrales de este proceso es la cuantificación –en el sentido de Desrosière– es decir la normalización y medida del trabajo: esta operación consiste en descontextualizar el trabajo, vaciarlo de sus determinaciones especificas (a un científico particular o a una disciplina científica) de modo que se pueda comparar de manera puramente cuantitativa con otro trabajo académico y, en última instancia, con cualquier trabajo. Este valor, liberado de la subjetividad del trabajador o de la trabajadora que lo produce, adquiere un poder sobre él o ella. El conocimiento y l@s docentes ya no cuentan sino por sus capacidades para producir valor económico, que llega a realizarse bajo la forma del arancel universitario.

Esta transformación de la universidad impacta de una manera particular en los estudiantes: la carrera toma el sentido y la forma de una acumulación de “capital humano”, un concepto neoclásico que analiza la calificación como un factor de producción. Al invitar a que l@s estudiantes se piensen como capitalistas, se va creando la subjetividad de futur@s trabajadores lineada con el capital. Los aranceles y el crédito para estudiantes correspondiente le dan una base material a la construcción ideológica de los estudios como  inversión económica.

Introducción

A partir de los años ‘90, la OCDE recomienda a sus miembros desarrollar y transformar sus sistemas de educación superior y de investigación. Esta recomendación tomó a nivel europeo la forma de la estrategia de Lisboa, firmada en marzo del 2000. La misma ha sido prolongada en 2010 por la llamada estrategia Europa 2020, cuyo objetivo es transformar a la Unión en “una economía inteligente, sostenible e inclusiva” (J. M. Barroso, 2010). Es posible analizar esta evolución como un proceso de privatización de servicios públicos, un rasgo característico del neoliberalismo teorizado por D. Harvey bajo el concepto de acumulación por desposesión. Harvey defiende que la acumulación primitiva analizada por Marx no se reduce al origen del capitalismo, sino que debe entenderse como un proceso continuo de integración de nuevos territorios, poblaciones y sectores al reino de la mercancía. Para estabilizarse, típicamente cuando estalla una crisis de sobreacumulación, “el capitalismo puede […] usar un ‘afuera’ […o] un sector particular al interior del capitalismo –como la educación– que todavía no ha sido proletarizado”. La acumulación por desposesión incluye “la mercantilización de la fuerza de trabajo y la supresión de formas alternativas (indígenas) de producción y de consumo; […] la monetarización del intercambio […] y finalmente el sistema de crédito”[i] (Harvey, D, 2010, p. 7 y 11, ver igualmente p.165-211). Esta descripción coincide perfectamente con la transformación que nos interesa, en particular donde está más avanzada, como en unos países anglosajones (Australia, Inglaterra, y con anterioridad Estados Unidos). En latinoamérica, se destacan las experiencias de Chile y de Colombia.

Dado este escenario, en este artículo, nos concentraremos en el aspecto ideológico de la mercantilización, y analizaremos cómo se va transformando la educación superior desde otro concepto marxista, el fetichismo. Mostraremos como la mercantilización opera en la organización del trabajo universitario, desplegando toda una serie de dispositivos de gobierno – normas y certificación de calidad, puntaje, ranking – que tienden a estandarizar el proceso productivo y someter el imaginario científico a la racionalidad capitalista. El trabajo universitario se va incorporando al trabajo social, genérico, abstracto. Al tomar este carácter social, toma la forma del trabajo asalariado de la sociedad capitalista, la forma-valor.

Uno de los momentos centrales de este proceso es la cuantificación -en el sentido de Desrosières A. (2008)- es decir la normalización y medida del trabajo: esta operación consiste en descontextualizar el trabajo, vaciarlo de su sentido específico de forma que se pueda comparar de manera puramente cuantitativa con otro trabajo científico y, en última instancia, con cualquier trabajo. El valor de este trabajo general está dirigido al mercado, en vista de su realización como valor de cambio. Este valor, liberado de toda subjetividad, en particular de la subjetividad de su productor, adquiere un poder sobre él. El conocimiento y el trabajo docente cada vez valen menos por sí mismos y más por sus capacidades para producir valor económico, que llega a realizarse bajo la forma del arancel universitario. Esta transformación se concreta en la organización del trabajo, al que pretende modernizar y racionalizar, cuando en realidad se trata de extender la dominación del capital sobre el trabajo.

Zapatillas kaki Victoria Zapatillas Zapatillas clásicas kaki Victoria Victoria clásicas Como toda privatización, la mercantilización de la educación superior impacta a los trabajadores del sector como a los usuarios. Los primeros pasan de ser agentes públicos a asalariados y los segundos de usuarios a consumidores, lo que genera importantes problemas de desigualdades de acceso al servicio -ya no público sino mercantil-. Pero a esto se le agrega una particularidad: la educación superior tiene como papel formar profesionalmente a la futura mano de obra. Al incorporar una educación mercantilizada, l@s estudiantes se van identificando ell@s mism@s como partes del capital. Es precisamente lo que analiza de forma normativa la teoría del “capital humano”: los estudios solo deben contar cómo aumento de un factor de producción, y por lo tanto todo lo que debe diferenciar a l@s graduad@s de l@s demás trabajador@s es que son más productiv@s y más “empleables” para el capital. El saber ya no aumenta el poder del sujeto que estudio. Al revés, el conocimiento, bajo esta nueva forma valor, es el que toma poder sobre l@s estudiantes. La carrera recobra entonces el sentido y la forma de una acumulación de este tipo de capital, es decir de este tipo de relación social de subsunción en la valoración del capital, participando en la creación de la subjetividad enajenada de l@s futur@s trabajador@s. Los aranceles y el crédito estudiantil correspondiente le dan una base material a la construcción ideológica de los estudios como inversión económica. Una vez endeudad@, ya no queda mas remedio que tratar de rentabilizar esta inversión, es decir actuar como si los estudios hubieran efectivamente tenido como sentido exclusivo el aumento del valor de la fuerza de trabajo en el mercado laboral. Este doble efecto sobre l@s estudiantes -de subjetivación cuando todo sale bien y de disciplinamiento cuando la situación laboral no permite pagar las mensualidades- consideramos que constituye el elemento principal de la transformación de la Universidad, por sobre la explotación directa del personal del sector por el capital y la acumulación de plusvalía correspondiente.

El concepto de fetichismo, que como hemos mencionado utilizaremos para explicar este proceso, no ha sido inventado por Marx. En el siglo XVII ya se encuentran usos del mismo. Aparecerá como denuncia a las ficciones religiosas en el marco del iluminismo y como instrumento para pensar la dominación humana por abstracciones: la Sociedad, el Estado, la Iglesia. Sin embargo, Marx introduce varias innovaciones a aquella noción: estudia la secularización y el desencanto del mundo producidos por el reino burgués de la mercancía. Bajo el capitalismo, el fetichismo de la mercancía se impone incluso a la propia fuerza de trabajo en una estructura social históricamente determinada, el asalariado. Esta forma social mercantil conlleva un imaginario fetichista que se relaciona con el proceso de producción; la producción capitalista es en este sentido una estructura técnica y científica apoyada al mismo tiempo sobre la objetividad social y el imaginario. Por lo tanto, al contrario del concepto iluminista, el fetichismo para Marx no se agrega desde afuera al proceso de producción, ni tampoco es una simple inversión entre sujeto y objeto; es una condición de existencia del asalariado. Es lo que Jean-Marie Vincent, Antoine Artous o Henri Lefebvre llaman « una religión de la vida cotidiana ».

En este articulo, destacaremos tres tiempos de fetichismo de la mercancía, analizando cómo cada uno va produciendo efectos sobre la Universidad. Primero, la mercantilización desestabiliza el imaginario universitario, sus valores morales y sus procedimientos de legitimación. Los reemplaza por el frió calculo económico de la rentabilidad del capital humano. Esta nueva lógica produce en retorno su propia legitimación: las desigualdades sociales serian simples reflejos del desigual suceso en la acumulación y valorización del capital humano. En un segundo momento, este marco ideológico fruto del fetichismo del valor capitalista permite que una estructura económica se desarrolle. Este valor del conocimiento puede entonces reflejarse en su precio. Consecuentemente, la producción y transmisión del conocimiento puede ser a su vez mercantilizadas, el trabajo docente y de investigación siendo abstraído para adquirir una sustancia social, objetivado para ser cuantificable. El valor de cambio del conocimiento pasa a ser dominante no sólo en el mercado final -de la mano de obra  calificada, l@s graduad@s-, sino también en la Universidad misma, sector de producción intermediaria. La transformación concreta de la organización del trabajo universitario materializa y refuerza la ideología del capital humano. En un tercer lugar, en un efecto de retorno de la forma sobre la sustancia, el conocimiento mercantilizado e integrado al circuito social de las mercancías termina valiendo efectivamente lo que cuesta: puede reaparecer una lógica académica o científica pero como parte de la lógica económica; los criterios universitarios se van adecuando al valor económico, sin ya necesitar una intervención explícitamente económica. Al igual que la reconfiguración del patriarcado dentro del marco capitalista bajo la forma de la familia estándar del siglo XX, la universidad podría recuperar una autonomía aparente una vez completamente compatibilizada con el capital.

 

A.              Desencanto

La Universidad nace en el Paris medieval del siglo XII. La institucionalización de grupos de estudiantes y de maestros es desde el principio ideológicamente contradictoria. Los “estatus otorgados a la Universidad en 1215 por el legado pontificio […] reconocieron claramente la autonomía de los maestros y estudiantes: [… Sin embargo,] si el nacimiento de la Universidad correspondió con un movimiento de emancipación, fue una emancipación bien controlada, bajo la autoridad de sabios de confianza del Vaticano” (Verger J., 1997, p. 70-71). Esta institucionalización es por un lado emancipadora, ya que en “la tradición medieval ‘boloñesa’, los estudiantes gestionaban ellos mismos una buena parte del funcionamiento de la universidad” (Verger, J. & Charle C. 2012, p. 51). Pero la Universidad también participa de la reproducción de las élites y de las figuras de autoridad: para legitimar su profesión -dudosa por ser lucrativa-, “los juristas se esforzaron, con un éxito moderado, de establecer una equivalencia entre diploma universitario y nobleza” (Verger, J. & Charle C. 2012, p. 37). Este papel contradictorio de la Universidad perdura cambiando de forma en la sociedad moderna, en el marco de la ideología republicana. La educación nacional, por lo menos en Francia, pretende establecer hay en día una “igualdad de oportunidades”, permitiendo que cada uno ocupe la posición social a la cual conducen sus capacidades intelectuales. Este principio progresista sirve de velo a la reproducción social.[ii] Una historia global de la educación superior, como la propone Picard E. (2009), permitiría describir las evoluciones entrelazadas de estas dos caras de la Universidad y de poner en perspectiva los efectos de la mercantilización. Sin esta perspectiva, ¿cómo diferenciar emancipación y conservacionismo cuando toda la estructuración académica esta trastornada, tanto material como ideológicamente?[iii]

La conmoción ideológica de la Universidad es esencial para transformarla en producora de servicios mercantiles. En El Manifiesto, Marx K. & Engels F. (1848, Cap. I) describen este proceso de desencanto característico de la explotación capitalista:

en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, [la revolución burguesa] ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal. [...] todo lo sagrado es profanado y los hombres, al fin, se ven forzados a enfrentarse, sobriamente, con sus condiciones reales de existencia y sus relaciones recíprocas

El primer aporte de Marx consiste en demostrar que bajo el dominio del capital, el fetichismo religioso previo desaparece. Esta reemplazado por un mundo desencantado y  secularizado en el cual los bienes (los servicios en nuestro caso) perdieron sus auras. En el caso de la educación, como lo vimos previamente, una secularización literal ya se dio, reemplazando la religión por una ideología republicana; la mercantilización consiste en una segunda secularización en un sentido figurado de desvelamiento del carácter económico de la educación. La cultura y la formación intelectual ya no valen en sí mismas, solo valen si tienen un valor económico. O mejor dicho, las reglas del juego en el campo académico, el valor simbólico en circulación en la Universidad, al igual del valor de uso de las mercancías, no desaparece del todo: esta relegado a una posición subalterna de soporte del valor de cambio. Según Laval C. et al. (2012, p. 12), “esta concepción puramente económica del conocimiento defendida por la Unión europea, esta ‘economia del conocimiento’, tiene justamente como motivo economizar el conocimiento, es decir dejar de lado el ‘conocimiento’ cuando este no tiene valor económico en el mercado”.

Este proceso, aun en desarrollo en Francia, ya aparece en la institución de punta en la introducción de los aranceles universitarios y de la gestión empresarial, el Instituto de ciencias políticas de Paris, Sciences-Po. L@s docentes-investigador@s del Instituto denunciaron en una carta abierta el nuevo management introducido por el director, en particular las primas para los dirigentes, una forma de remuneración típica de los sectores comercial y financiero. Presentan claramente esa práctica como un ataque ideológico: “si la práctica de las primas nos afecta, no solo es porque nos parece opuesta al espíritu del servicio publico y a la ética de la docencia y de la investigación, pero también porque esta totalmente desconectada del mundo universitario del cual el instituto pretende formar parte” (Anonimo, 2011). Lo que viene denunciado en esta carta, es la pérdida del espíritu y de la ética específicos del mundo universitario, la negación de sus valores, la profanación de su carácter sagrado para ponerlo en los términos de Marx.

La referencia al servicio público corresponde a la forma republicana progresista que analizamos mas arriba. Este marco amplio ideológico y material del Estado en su papel social, la “mano izquierda del Estado” diría Bourdieu, está en el centro del ataque de la mercantilización con “la externalización progresiva de todas las instituciones  académicas de la esfera pública”(Vinokur A., 2012) en muchos países. Pero después de haber destruido el sistema de valores original, el desarrollo del capitalismo en el marco académico no deja las relaciones sociales directamente expuestas. Un nuevo velo las viene recubrir, el fetichismo de la mercancía. Según Artous A. (2006, p. 17):

Si las relaciones sociales de las sociedades precapitalistas se coagulan por el imaginario religioso, la modernidad capitalista no está solamente caracterizada por el ‘desencanto del mundo’ del que trata Max Weber, está tomada en el mundo encantado de la mercancía.

¿Cual es este “mundo encantado de la mercancía”? ¿Qué pasa con el fetichismo cuando la acumulación por desposesión está acabada? El capitalismo, a medida de que descalificaba el imaginario religioso y ahora el republicano, va desplegando otro imaginario, produce nuevas formas de pensar.

 

B.              Reencantamiento: “cosificación de las relaciones sociales y personificación de las cosas”

Con el desencanto, el saber pierde su valor simbólico. Las nociones más utilitarias de habilidad y conocimiento sirven ahora para definir el contenido de lo que se adquiere en las universidades. Corresponden mejor al nuevo encanto de la educación: un proveedor de capital humano (Becker G., 1964), es decir de características valorables de la mano de obra. Las relaciones sociales se encuentran nuevamente justificadas y racionalizadas, pero de un modo ligeramente distinto de la igualdad de chances republicana. Ya no son el supuesto talento intelectual o la cultura que justifican y naturalizan por sí mismas la posición social, sino la capacidad a acumular y a valorizar el capital humano. La ocultación de las relaciones sociales capitalistas sale reforzada: si la cultura académica permanecía en la superestructura, necesitando ella misma una legitimación ideológica, el capital humano puede presentarse como material, “objetivado” en una manifestación externa de los sujetos que lo portan.[iv] No se necesita esperar la realización monetaria de este capital humano para darle una substancia objetiva. Ya en la etapa de producción, diversos mecanismos de acreditación o certificación –oficiales como la CONEAU argentina y sus equivalentes en la mayoría de los países de la OCDE, o más informales a través de rankings de tipo Shanghái o periodísticos- separan el sujeto productor de la evaluación del producto, un efecto completado por la forma cuantitativa de los criterios de evaluación y comparación. La competencia entre instituciones y la estratificación social de las poblaciones estudiantiles aparecen entonces como una manifestación de las diferentes cualidades de los procesos de producción de capital humano o, para usar el término de los reformadores, de sus mayor o menor “excelencia”.

De hecho, a la renovación de la función social de la educación para los estudiantes se suma una transformación de los procesos de producción: el establecimiento de un nuevo management público y de la gestión contable de empresa modifican las condiciones laborales, así como las prácticas profesionales. Estas están codificadas en un dicho « proceso de calidad » (tipo ISO 9001), divididas en tareas medibles: dictar un curso teórico, responsabilizarse de las pasantías, dirigir una tesis o buscar financiamientos. La codificación y la medida pretenden permitir comparar cuantitativamente estas tareas tan diferentes y mal delimitadas. Esta reorganización de la educación superior en una industria de producción de capital humano es un momento crítico en la comercialización, tal vez más que el acto de la venta en sí misma. Como indican los autores de La nouvelle école capitaliste « la forma valor del conocimiento es el resultado de la normalización que se le aplica con las herramientas de gestión y evaluación del management » (Laval C. et al., 2012, p. 12-13).

Los empleados de la Universidad se encuentran distanciados de sus herramientas de trabajo en el proceso, en una forma de acumulación primitiva de capital. En Francia, la ultima ilustración de este poder naciente de las cosas sobre l@s científic@s es la separación administrativa entre los “equipamiento de excelencia” (Equipex) y los investigadores que los usan. Con un procedimiento típico de estas reformas, el gobierno francés lanzo en 2010 el concurso Equipex para el financiamiento de nuevos equipamientos. Los proyectos, preparado en urgencia por grupos de científic@s, fueron evaluados por “un jurado internacional de expertos”. Una vez un proyecto escogido, uno podría pensar que el grupo que lo armo recibiría los fondos. Para nada. El proyecto toma vida propia y recibe un financiamiento autónomo; sobre todo, debe financiarse cobrando el uso del equipamiento a los equipos de científic@s, incluso al proprio equipo que presento el proyecto. Otros elementos vienen completar esta separación entre l@s trabajador@s y sus medios o productos de trabajo, y se encuentran regularmente en el centro de importante disputas: con las patentes[v], la edición científica o los cursos masivos online abiertos (MOOC), se plantea la cuestión de la propiedad del “trabajo muerto” y de su poder sobre el “trabajo vivo”.

La separación se vuelve subordinación en el caso del personal mas dominado del sector: no docentes y docentes o investigador@s precari@s. Sus tareas se simplifican gradualmente y se incorporan en una cadena de producción administrativa e intelectual, a menudo estructurada por una plataforma digital rígida, una adaptación de la cadena mecánica industrial al sector de servicio, cuya máxima realización se observa en los centros de llamadas. Los emplead@s están reducid@s a la condición de apéndices casi inmediatamente reemplazables del proceso de producción, realizando tareas de rutina o dictando cursos prácticos repetitivos. Esta descalificación del trabajo se acompaña de una fuerte reducción de la indemnización simbólica y monetaria (en relación al ingreso promedio por lo menos), y de sufrimiento en el trabajo[vi]. Al igual de la máquina industrial, la maquinaria administrativa parece adquirir un poder autónomo sobre l@s emplead@s, dictando el ritmo y el contenido del trabajo. Es el fetichismo en el sentido de Freud S. (1997): una transferencia de sentimientos humanos a “fetiches” en los pueblos “primitivos”. Un objeto se personifica y un transfer afectivo lo convierte en sujeto, y en el mismo movimiento el sujeto se ve enajenado. Marx describe el mismo tipo de proceso al analizar como la maquina industrial recobre y materializa la relación de explotación. En el caso de los servicios, en particular intelectuales, el fetiche tiene una forma más digital que mecánica, pero con el mismo poder enajenador.

Este análisis nos permite entender el verdadero carácter de las resistencias a la “modernización” y a la “racionalización”, que pueden tomar reivindicarse de tradiciones sociales arcaicas. En Francia, en las luchas del 2009 de resistencia a los ataques neoliberales, l@s universitari@s usaron de forma masiva a la lechuza como identificación, retomando el símbolo de la sabiduría en la antigüedad griega. La lechuza representaba la legitimidad específica del saber (como también la pueden tener la cultura, o la salud). Victoria kaki Zapatillas clásicas Zapatillas clásicas Victoria kaki Zapatillas Victoria La princesse de Clève fue otro de los estandartes de la movilización. Después de que el presidente Sarkozy haya ironizado sobre la utilidad de estudiar este texto del siglo XVII, el libro pasó a ser una materialización de cierta idea de la Universidad, una Universidad con mayúscula, sin finalidad aplicada y sobre todo no mercantil. Esta referencia al pasado contra el “progreso”, no necesariamente es reaccionaria: expresa resistencias al progreso capitalista y al avance de la mercantilización.[vii] Esta forma de resistencia, más ideológica que económica –como suelen ser las luchas gremiales más tradicionales- se puede interpretar aquí como una oposición al desencanto de la Universidad y a su re-encanto por el fetichismo de la mercancía.

No obstante, esta situación también es el signo de una posición defensiva de estas luchas y de un  balance de fuerzas desfavorable al movimiento social. Movimientos más ofensivos deberían ser capaces de producir nuevos símbolos y de enfrentar conjuntamente a al capitalismo y a las ideologías que le preexisten.

 

C.               ¿Viejo espíritu del capitalismo?

¿Puede el fetichismo de la mercancía desarrollarse hoy en la educación superior como se implementaba en el siglo XIX en la industria manufacturera? De hecho, la evolución del capitalismo cambia la enajenación que produce su extensión: a partir de los setenta, el nuevo espíritu del capitalismo (Boltanski L. & Chiapello E., 1999) pretende luchar contra el carácter enajenador de la organización industrial tradicional y desarrollar la adhesión de l@s trabajador@s. En una especie de inversión dialéctica, de negación de la negación de la subjetividad de l@s emplead@s, se les invita a realizarse por el trabajo. Nuevo velo escondiendo aun más las relaciones de dominación, los métodos de gestión neoliberales usan la autonomía de los trabajadores para realizar un doble lineamiento: de las prácticas con la producción de valor  y de las subjetividades con los intereses de la empresa. O mejor dicho, a medida que la “regulación científica” de las condiciones de trabajo se muestra inadaptada frente a un mercado en constante evolución y una mano de obra menos dócil, “el capital necesita que los trabajadores ejerzan sobre sus propias capacidades un disciplinamiento que el ya no puede ejercer como antes” (Zangaro M., 2011 p. 182). Con el management, se trata de generar y gestionar una implicación en el trabajo, una capacidad a “dominar las actitudes negativas y reconocer las formas de ser (en tanto actitudes y comportamientos) que ayudan [cada trabajador@] a identificarse y vincularse estrechamente con lo que hace” (Zangaro M., 2011 p. 180).

La Universidad es un terreno ideal para este capitalismo evolucionado. L@s trabajador@s del sector, en particular cuando tienen buenas condiciones laborales, ya incorporaron la implicación como una de la reglas centrales de la profesión. Por lo tanto, el lineamiento de la subjetividad sobre el trabajo ya está asegurado; solo falta redefinir el sentido del trabajo en dirección del valor económico. Para esto sirven el discurso permanente de la excelencia científica, una excelencia identificada con la productividad y la aplicabilidad, y la centralización del poder administrativo que transforma algunos jefes de cátedra o directores de centro en managers. Por eso son tan ambivalente las referencias al pasado de la Universidad: si bien la ideología propia del sector puede servir de apoyo a luchas defensivas, también puede estar resinificada en el marco del nuevo espíritu del capitalismo.

Del lado de l@s estudiantes, la mercantilización del conocimiento se encuentra justamente en el centro de la producción de la subjetividad que asegure la implicación de la futura mano de obra. Al papel clásico de disciplinamiento de la educación (aprendizaje de reglas y de saber-ser), se suma la producción de una subjetividad de capital humano que debe ser valorizado. Esta producción ideológica del auto-disciplinamiento de l@s graduad@s encuentra en los países con aranceles altos un soporte material en las mensualidades del préstamo de estudiante (Vinkour A., 2007). Analizaremos más adelante la subjetividad de l@s graduad@s auto-emprendedores de ell@s mism@s. Primero observaremos como el fetichismo de la mercancía transforma el conocimiento en valor.

 

A.              Una mediación social que produce el valor

Marx presenta en el capítulo 1 del Capital como el valor de una mercancía está determinado por la forma social o estructura social, el asalariado en el caso del capitalismo. Es el carácter social del trabajo que hace posible la uniformización de la substancia de los productos y su comparación puramente cuantitativa. Cada producto es uno entre otros, y se puede comparar con cada uno como mercancía, es decir como producto bajo su forma social de mercancía.

Zapatillas kaki Zapatillas Victoria Zapatillas Victoria clásicas kaki Victoria clásicas la forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que dicha forma se representa, no tienen absolutamente nada que ver con la naturaleza física de los mismos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de tal naturaleza. Lo que aquí adopta, para los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos.

La mercancía solo existe como tal si la “gran desposesión” del capitalismo ya reemplazado las relaciones entre vasallos y señores por una relación social uniforme mercantil. La existencia de un mercado es necesaria para que la relación entre productores tenga un carácter social, y esta relación debe aparecer espontáneamente como una relación entre cosas en lugar de una relación entre seres humanos o entre seres humanos y abstracciones, ya sea Dios o el Saber.

Zapatillas clásicas Victoria Zapatillas Victoria Zapatillas kaki kaki clásicas Victoria En la Universidad, este proceso de homogeneización requiere que se hagan comparable un curso de grado de derecho y otro de posgrado de matemáticas, y que estos dos servicios compartan una esencia común con todos los productos disponibles en el mercado, hasta el punto de poder entrar en relación cuantitativa. Esta homogeneización se hace a través de la estandarización de currículo, dentro del marco “Sistema de Transferencia de Créditos Europeos” (ECTS) para los países de la Unión Europea. En Inglaterra, donde la mercantilización ha dado un gran paso adelante con el aumento de los aranceles en septiembre del 2012, podemos observar con Boulet E. (2013) la nueva contabilidad de una universidad prestigiosa. Cada curso se descompone en dos horas de teórico semanales y una hora de práctico, y cada estudiante paga por cinco cursos por cuadrimestre. Esta homogeneización permite que cuando un estudiante del departamento de economía curse una materia de sociología, se transfiere un quinto de sus aranceles de un departamento al otro. Cada hora de curso cuesta igual, cuenta por una igual medida en la contabilidad de la empresa-universidad. Y es comparable, y comparada, con los demás servicios que la empresa-universidad puede vender: alquiler de aulas para eventos, consejo científico, etc.

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La homogeneización también opera sobre la práctica del trabajo universitario. Si las propiedades materiales de las cosas no entren en línea de cuenta cuando se trata de ponerlas en relación de valor, tampoco cuentan las especificidades concretas de cada trabajo cuando se trata de extraer plus-valor. El tejedor y el artesano dejaron de ser definidos socialmente como tejedor y artesano, miembros de una corporación o de una casta, de generación en generación, para pasar a ser asalariados genéricos. De la misma manera, el docente de sociología y la investigadora en matemática deben pasar a ser trabadores productores de valor, y el trabajo universitario debe incorporarse al trabajo asalariado general de la sociedad capitalista. Cleaver nos explica que el trabajo estudiado por Marx en los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política es una forma específicamente capitalista, aunque Marx pueda en otros textos usar el término en un sentido más general. Es justamente porque distintas actividades humanas funcionan bajo el capitalismo como productoras de valor, que se las puede aprehender bajo la misma denominación de trabajo, “abstracto” o “en general”. Esta unidad supone la dominación: “la indiferencia real hacia cualquier clase específica del trabajo no es propia de los trabajadores, quienes pueden tener preferencias muy diferentes, sino que es la del capital. Bajo el capitalismo productor de mercancías, generador de ganancias y de reinversiones, las características particulares de las actividades productoras de mercancías son totalmente secundarias.” (Cleaver, 2009, p.6 del capítulo).

B.              Una forma social que conlleva un imaginario

La mediación social a gran escala le da cuerpo al fetichismo de la mercancía: el fetichismo esta tan compartido que adquiere la fuerza de una realidad material. Para instalarse a largo plazo, la mercantilización del conocimiento debe ir mas allá de las condiciones de su producción analizadas por los autores de La nouvelle école capitaliste y culminar con la venta en un mercado, donde “el dinero se convierte en la varita mágica que permite incorporar al capital los nuevos elementos del mundo” (Cleaver H, 1985, p. 332). Es este paso que logra terminar la socialización completa del trabajo universitario en el reino generalizado de la mercancía: el precio del servicio de docencia lo hace comparable con cualquier otra mercancía, demostrando su esencia común de portador de trabajo abstracto. Marx analiza los efectos de esta circulación de los trabajos privados mercantilizados por medio del intercambio. Apenas el precio de una mercancía estabilizado, el valor “parece deber su origen a la naturaleza de los productos del trabajo” (Marx K., 1867, libro I, cap. I.I). El dinero que las mercancías permiten obtener parece provenir únicamente de su carácter social: el valor de uso aparece ser un efecto del intercambio y no del trabajo que produjo el objeto.

clásicas clásicas Zapatillas Victoria Victoria kaki Victoria Zapatillas kaki Zapatillas Las formas que ponen la impronta de mercancías a los productos del trabajo y por tanto están presupuestas a la circulación de mercancías, poseen ya la fijeza propia de formas naturales de la vida social, antes de que los hombres procuren dilucidar no el carácter histórico de esas formas -que, más bien, ya cuentan para ellos como algo inmutable- sino su contenido.

Marx insiste en el hecho de que la forma mercancía del objeto es una forma social especifica, un entrelazo de relaciones sociales históricamente determinadas. Luego analiza el origen del velo fetichista; la forma social intercambio mercantil parece ser natural e inmutable y estar en el origen de la riqueza.

Nos parece útil señalar aquí dos aspectos diferentes de la mercancía educación superior: esta mercancía puede ser un bien de inversión o un bien de consumo. El primer caso, ya parcialmente analizado, constituye el centro de la mercantilización de la Universidad y corresponde a la acumulación de capital humano. El fetichismo de la mercancía se desarrolla completamente y l@s estudiantes se presentan como inversores buscando extraer una plusvalía de su propia explotación una vez graduad@s y su fuerza de trabajo calificada vendida en el mercado laboral. La novedad no reside en que l@s estudiantes tomen en cuenta su futuro laboral al estudiar. Lo decisivo de un punto de vista ideológico es que la racionalidad neoliberal se extiende como modo de pensamiento único en la educación, como en tantos otros sectores. Esto impide por ejemplo un curso crítico o simplemente no directamente útil en el mercado laboral, ya que no funcionan como capital humano[viii]. La educación ya no sirve para que l@s estudiantes ganen márgenes de maniobras frente a la explotación sino, al contrario, de inserirl@s más precisamente en la relación de subordinación asalariada, que se hagan perfectamente “empleables”(Lallement M., 2007) para valorar la inversión inicial. El segundo tipo de consumo corresponde a un gasto en entretenimiento y de sociabilización: los campus más lujosos ofrecen una estancia intelectualmente estimulante en un marco confortable. Los dos tipos de consumo se pueden articular en un consumo ostentoso -una demonstración de la capacidad a pagar estudios caros- que combinan elementos de ocio mundano y de constitución o refuerzo de un capital social. Este tipo de consumo reservada a una elite social presenta una importante continuidad con el papel medieval de la Universidad descrito por Charle J. & Verger C. (2012, p. 37): “el saber adquirido por el estudio estaba convertido en ‘capital social’ monetizable a lo largo de la carrera profesional”.

Es el esquema D-M-D’ de la mercancía visto desde el punto de vista del capitalista: avanzar dinero (pagar los aranceles) para comprar una mercancía (usualmente la fuerza de trabajo de otro, acá los estudios para uno mismo) que tiene la propiedad particular de producir más valor que lo que costo. Esta estrategia, valida en la edad media para una pequeña población estudiantil de las clases dominantes, es la que la OCDE propone masivamente a la juventud de los países avanzados. L@s estudiantes deberían invertir en su educación, es decir comprar su propia transformación en capital humano y luego esforzarse de extraer un valor más grande que lo que costó. Acá aparece claramente que tipo de conocimiento se trata de adquirir: el que se pueda valorar económicamente. También aparece la producción de la subjetividad específica que el nuevo espíritu del capitalismo necesita, la subjetividad de un sujeto identificado con el capital humano que incorporo. L@s graduad@s salen por lo tanto precondicionad@s para el management tal que lo describe Zangaro, es decir linead@s con el interés del capital del que formarían la componente humana. Si para Foucault M. (2004, p. 151), “lo que se trata de obtener, no es una sociedad sometida al efecto-mercancía, es una sociedad sometida a la dinámica de la competencia […] no el hombre consumidor, sino el hombre de la empresa o de la producción”, a nosotros nos parece que es justamente el fetichismo de la mercancía que produce el humano como capital.

En Francia, es Richard Descoings, el director de Sciences-Po, que defendió más explícitamente la visión de una educación superior como inversión apuntando a un salario superior de l@s graduad@s y que llevo la transformación de su instituto más adelante que cualquier otra institución universitaria publica. Una parte de sus estudiantes, l@s extranjer@s, ya están considerad@s como clientes; por lo tanto, iguales frente al mercado, no pueden beneficiar de las tarifas sociales previstas para sus compañer@s europe@s de clases populares, parcialmente protegidos del brutal aumento de los aranceleskaki Zapatillas Zapatillas Victoria Victoria Zapatillas clásicas clásicas kaki Victoria [ix] que acompaña la mercantilización de Sciences-Po.

Otr@s estudiantes de Sciences-Po (2012) se oponen al proyecto y le reprochan al director: “que sugiera que los estudiantes de su instituto tienen por motivación primera un salario multiplicado por cuatro a lo largo de la carrera profesional […] Mucho más que una perspectiva hipotética de multiplicación por dos o por cuatro de [sus] salarios de graduados, vini[eron] a Sciences-Po elementos de metodología, de comprensión y de análisis del mundo contemporáneo.”

El engaño de este proyecto reside nuevamente en la invisibilización de las relaciones sociales. A menos de disponer de una posición de dominación, bajo el capitalismo no se puede vender una mercancía por arriba de su valor y realizar un beneficio sin explotación. El conocimiento solo puede funcionar como capital -es decir cómo relación social y no solo como suporte de producción- desde una posición de dominación, para un capitalista explotando la fuerza de trabajo de otr@s. A l@s trabajador@s, solo nos queda la ilusión de explotarnos a nosotr@s mism@s, en condiciones dictadas por otros. El fetichismo de la mercancía presenta como iguales graduad@s situad@s en posiciones sociales opuestas.

 

C.               Cuantificación

Al desestabilizar las autoridades previas, la mercantilización de la universidad pretende liberarla de los arcaísmos medievales y de la reproducción social llevada a cabo por la herencia del capital cultural: tod@s serian iguales frente al mercado de la educación. En la práctica, se suma a estas dominaciones mantenidas un yugo financiero. Al integrarse al gran arsenal de mercancías del capitalismo, la educación superior pierde todo sustancia específica (desencanto del Saber, subordinación al valor de cambio) pero gana un valor y un precio. Como todas las mercancías, solo cuenta como cantidad, siempre-ya valorizada en el mercado del conocimiento e incorporada en un proceso de valorización, particularmente imperativo cuando se financio a crédito. Pero el proceso real de mercantilización no empieza necesariamente por el mercado o por los aranceles universitarios. Es característico del régimen neoliberal, y aun mas en el caso europeo, que el mercado sea un producto de las políticas públicas, justificas a priori por un modelo y a posteriori por una estadística. Para ser el objeto de este tipo de políticas, la educación (como otros sectores, referirse por ejemplo a Didier E., 2011, sobre la seguridad) debe ser cuantificada. Esta noción introducida por Desrosières A. (2008) permite analizar el papel de las estadísticas como herramientas activas de gobierno, y no solo como medidas pasivas de una realidad pre-existente. La operación de cuantificación de un fenómeno social empieza por instituirlo delimitándolo: se refuerza una parte del fenómeno (la parte cuantificada), esta misma que es objeto de las practicas del gobierno. En la óptica del capital humano que estuvimos analizando, la parte de la educación cuantificada, y por lo tanto legitimada por las políticas europeas, es la diferencia entre los salarios de l@s graduad@s y de l@s no-graduad@s. Estas es la nueva definición de la educación superior: un medio para una diferencial de ingreso. Todo lo que parece aumenta el PBI sale reforzado y aparece como elemento de la nueva definición de la educación superior.

La otra parte del fenómeno, negada por la cuantificación ya que queda fuera del perímetro de la medida, se ve invisibilizada y desestabilizada. La investigación que no desemboca sobre una publicación o una patente no existe; el curso que no entra en el plan de estudios tampoco. Este segundo efecto es el que lleva a “pasarse del ‘conocimiento’ cuando este no tiene valor económico en el mercado” en los términos ya citados de los autores de La nouvelle école capitaliste, es decir a reducir el papel de la Universidad a lo que tiene un efecto medible sobre la rentabilidad económica capitalista. Por lo tanto, la cuantificación es una degradación, una amputación, de la Universidad, pero también de sus asalariad@s. Según Lukács, la cuantificación permite que el fetichismo de un paso más allá de la reificación de las relaciones sociales descritas por Marx: lleva a la cosificación de las personas, una forma avanzada de enajenación que “reduce el trabajador al estado de mercancía y de pura cuantidad” (Bensaïd D., 2011, p. 87). Se apoya sobre la normalización y la industrialización del trabajo de los asalariados que analizamos previamente, y al mismo tiempo las refuerza. La cuantificación se extiende a todas las esferas y capas de la universidad: l@s investigador@s están reclutad@s, evaluad@s y promovid@s en base a la cuantidad de publicaciones en revistas ellas mismas jerarquizadas con criterios cuantitativos. Las evaluaciones individuales sirven de base a las evaluaciones de los centros de investigaciones, a su vez base de los puntajes de las facultades e universidades. Las diferencias de puntaje vienen legitimar la repartición desigual de los recursos, e incluso la reestructuración de los centros los menos adaptados a los criterios, fingiendo un mercado competitivo de la investigación con sus inevitables quiebres. Para producir un mercado internacional del conocimiento, se construyen herramientas de medida de la excelencia de un descubrimiento científico, capaces de abstraerse del contexto disciplinario o nacional. Así se logra establecer un ranking mundial de las universidades basado sobre ponderaciones de la cantidad de publicaciones, de premios Nobel y de investigadores campeones del h-índex (un indicador complejo de la cantidad de publicaciones muy citadas, que no toma en cuenta la lengua, la disciplina, etc., en una negación típica del valor de uso). “Es la dictadura del cálculo y de la calculabilidad, hasta la medida de la desmedida y la cuantificación de lo incuantificable” (Bensaïd D., 2011, p. 72).

La gestión por la cuantificación y la mercantilización se van alimentando la una a la otra. “El mecanismo de ranking de tipo Shanghái empujan hacia una espiral inflacionista: la empresa universitaria más rica es la que tiene más capacidades para reclutar ‘estrellas’ de la investigación que irán aumentando el ranking de la universidad y facilitaran el aumento de los aranceles universitarios” (Laval C. et al., 2012, p. 156). El ranking es por lo tanto instituyente, ya que lleva las universidades a conformarse con los criterios del ranking y por lo tanto a actualizarlos, a volverlos objetivos. A medida de que están incorporados por las universidades y l@s universitari@s, los criterios terminan describiendo efectivamente el funcionamiento del sector, y la cuantificación pierde su papel activo de transformación, volviéndose una simple medida neutra de lo existente, lo que siempre pretendió ser. La jerarquía de los recursos se confirma con el ranking, asegurando su validez, pero esta vez en términos de poder económico de las instituciones y no solamente de “excelencia”. El pasaje al valor económico es al mismo tiempo más imperativo que el ranking y más universalmente social ya que pone cada producción universitaria en conmensurabilidad con el conjunto de la economía capitalista y no solamente con las demás instituciones universitarias.

 

Conclusión

Una vez llevado al mercado, sometido a la ley del valor e integrado en un proceso de producción normalizado y racionalizado, el conocimiento vale realmente lo que cuesta. El valor científico o académico se vuelven meros espejos del valor económico, que aparece como natural y pre-existente, en particular desde el punto de vista de l@s estudiantes que tienen que pasar por el banco antes de llegar a la Universidad. Es el “efecto de retorno” de la reificación sobre las formaciones reales. Los sujetos, por sus posiciones específicas en la nueva estructura económica, están integrados en el fetichismo del valor: l@s graduad@s se ven objetivad@s en capitales humanos que se deben valorizar en el mercado laboral.

Pero hasta que los diplomas no funcionen como inversiones rentables, los bancos no consentirán préstamos de estudiantes sin garantías estatales. Por lo tanto, son las políticas públicas neoliberales, ideológicas como materiales que van produciendo las condiciones objetivas y subjetivas necesarias para que el mercado pueda funcionar “libremente” en la Universidad como en un sector más de la economía capitalista.

 

Referencias

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[ii] Prost A. (1997, p. 111), refiriéndose a la educación segundaria, tiene un racionamiento similar: “La reforma de los colegios segundarios no solo reforzó la estratificación social: la legitimo ya que le dio como base criterios aparentemente escolares y ya no explícitamente sociales. Invito los miembros de los diferentes grupos sociales a interiorizar sus posiciones sociales respectivas y a asumirlas como una consecuencia de sus desiguales méritos”.

[iii] Esta dificultad nos parece ser una de las explicaciones de la composición heteróclita de los frentes de resistencia a las reformas, que agruparon jefes de carreras con militantes estudiantiles radicales en 2004 y 2009 en Francia.

[iv] En el caso de la cultura, las materializaciones no están totalmente ausentes y toman las formas de libros científicos u objetos de artes. Ver por ejemplo Bourdieu P. & Darbel A. (1969).

[v] Este tema esta específicamente analizado, por ejemplo por Coriat B. (2007).

[vi] Ver por ejemplo Dejours Ch. (2003).

[vii] Se puede generalizar esta discusión a varias resistencias, al nuclear o a los OGM por ejemplo, que pueden parecer obscurantista cuando rechazan por principio a las patentes sobre la vida. Si la argumentación de este tipo de rechazos es tan difícil, es porque, bajo el capitalismo, no se pueden disociar progreso y explotación y porque el fetichismo viene cubrir las relaciones sociales subyacentes.

S WHO Camiseta WHO WHO WHO S 0tUxZwnq Becker define al capital humano como al conjunto de las actividades que tienen un efecto sobre el ingreso futuro a través de la incorporación de recursos dentro de los individuos: « activities that influence future real income through the imbedding of resources in people. This is called investing in human capital », Becker G. S. (1964, p. 9). Se trata de la adquisición de conocimientos, competencias, experiencia, etc.

[ix] Los aranceles anuales son de € 9.800 (AR$ 10.000)  en grado y € 13.500 (AR$ 14.000) en posgrado. Los estudiantes del Espacio Económico Europeo pueden beneficiar de aranceles reducidos en función de los ingresos de sus padres (los estudiantes suelen permanecer dependiente económicamente de sus padres).


3 réflexions au sujet de « Fetichismo de la mercancía y reformas de la universidad »

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